Casi ningún dueño de un negocio sabe si su web trabaja o solo está ahí. Entra gente, de eso se enteran por casualidad, pero si les preguntas cuántos acaban escribiendo, reservando o llamando, no tienen la cifra. Y sin esa cifra es imposible saber si el problema es la web, el anuncio o que simplemente nadie la ve.
Primera prueba, los cinco segundos
Enséñale tu web a alguien que no te conozca durante cinco segundos y quítasela. Pregúntale qué hace tu negocio, para quién y qué se supone que tiene que hacer a continuación. Si duda en alguna de las tres, ahí hay una pérdida. La primera pantalla tiene que contestar esas tres cosas sin obligar a leer ni a bajar.
Segunda prueba, hacerlo tú como cliente
Desde tu móvil, con los datos y no con el wifi, intenta lo que haría un cliente. Reservar, pedir presupuesto, escribirte por WhatsApp, encontrar el horario. Cuenta los toques que necesitas. Si el botón está escondido, el formulario falla o el teléfono no se puede pulsar, la gente no insiste. Se va a mirar a otro.
Los números que cuentan
- Cuántas personas entran en un mes. No importa que sean muchas o pocas, importa tener la cifra para comparar después.
- De dónde vienen. Instagram, Google, un anuncio, un enlace directo. Cada origen se comporta distinto y no se arregla igual.
- Cuántas hacen la acción que buscas. Reservar, escribir, llamar, apuntarse. Divide las que la hacen entre las que entran. Es el número más importante y casi nadie lo tiene.
- En qué página se van. Si la mayoría entra por una página y sale sin pasar a otra, ahí está el hueco. Puede ser una página lenta, confusa o con demasiado texto.
No hace falta rehacer la web. Hace falta saber en qué punto se te va la gente.
Los cuatro fallos que más clientes cuestan
- Tarda en cargar en el móvil, y quien llega desde una conexión lenta se va antes de ver nada.
- No queda claro qué hacer. Hay tantas opciones que la persona no elige ninguna.
- Falta confianza. Ni casos reales, ni reseñas, ni una cara, ni una dirección. Quien no te conoce necesita pruebas.
- La información está vieja. Un horario que ya no es, un precio antiguo o un servicio que ya no ofreces.
La confianza pesa más en unos negocios que en otros. Deep Due Diligence, una consultora de riesgo, compliance y due diligence, vende un servicio que se compra sobre todo por seriedad. Para ella, una web que no transmitiera esa seriedad era un cliente perdido antes de la primera llamada. Cuanto más se vende por confianza, más cuesta cada detalle flojo.
Por dónde empezar a arreglar
Arregla primero lo que más gente toca. Casi siempre es la primera pantalla y el botón principal. Después la velocidad en el móvil. Después la confianza. Cambia una cosa, espera unas semanas y mira si ha subido el número de personas que hacen la acción. Si no lo mides, no sabrás si el cambio ayudó.
Si quieres saber en qué punto de tu web se te va la gente, cuéntanos qué ves en la primera llamada, que es gratuita.



