Si has pedido tres presupuestos para la web de tu salón, seguramente te han llegado tres cifras que no se parecen en nada. No es que dos te estén engañando. Es que cada uno ha entendido una web distinta. Antes de comparar precios conviene comparar qué incluye cada uno, y para eso hay que saber qué mueve el precio.
Lo que mueve el precio
Cuatro cosas, casi siempre. El número de páginas, si la web tiene que gestionar reservas, quién escribe los textos y hace las fotos, y quién la mantiene después. Todo lo demás son detalles.
- Las páginas. Un salón necesita pocas. Una portada, los servicios con sus precios, quiénes sois, cómo llegar y cómo pedir cita. Cinco páginas bien hechas valen más que doce de relleno, y cuestan menos.
- Las reservas. Es el salto más grande de precio. Una web que solo enseña el teléfono y el botón de WhatsApp es una cosa. Una que deja elegir hora, profesional y servicio, cobra una señal y manda recordatorios es otra. Si hoy reservas bien por WhatsApp, empieza sin agenda y añádela cuando el teléfono te quite demasiado tiempo.
- Los textos y las fotos. Si los pones tú, la web sale más barata y casi siempre peor. Las fotos de banco de imágenes se notan a la primera, y un texto escrito con prisa dice lo mismo que el del salón de al lado. Pagar por fotos reales de tu local y de tu equipo es de las cosas que más se notan.
- El mantenimiento. Dominio, alojamiento, actualizaciones y pequeños cambios. Pregunta si va aparte, cuánto es al año y quién es el dueño del dominio. Tienes que ser tú, siempre.
Lo que tiene que incluir sí o sí
Hay cosas que no son opcionales aunque el presupuesto sea el más ajustado. Si faltan, la web no hace su trabajo, que es que quien te busca en el móvil acabe pidiendo cita.
- Que se vea bien en el móvil. No es un extra. La mayoría de las visitas a la web de un salón llegan desde un teléfono.
- El teléfono, el WhatsApp y la dirección visibles sin hacer scroll. Lo primero que se ve tiene que decir qué haces, dónde y cómo pedir cita.
- Los precios de los servicios. Quien no los ve asume que son caros y se va. Ponerlos no te quita clientes, te quita llamadas de gente que no iba a venir.
- Un panel para que cambies tú horarios, precios y fotos. Si para cambiar el horario de agosto tienes que escribir a alguien, la web no es tuya del todo.
- La ficha de Google conectada. La web y la ficha tienen que contar lo mismo, con el mismo horario y el mismo teléfono.
Lo que puedes dejar para después
La tienda online de productos, el blog, la galería con cien fotos y la versión en otro idioma. Todo eso puede venir bien, pero no el primer día. Una web se puede ampliar. Lo que no se puede es recuperar al cliente que entró, no encontró el teléfono y se fue.
Una web barata que no deja pedir cita es la más cara de todas. La has pagado y no te trae nada.
Qué pedir en el presupuesto
Pide que te desglosen las cuatro cosas de arriba. Pregunta quién escribe los textos, quién hace las fotos y cuánto tarda cada paso. Pregunta qué pasa si dentro de dos años quieres cambiar de proveedor. Si la respuesta es que tendrías que empezar de cero, ese presupuesto es más caro de lo que parece.
3 semanas y media
Primero ves la portada terminada, y hasta que no funciona no tocamos el resto. El dominio y el alojamiento van a tu nombre y los pagas tú directamente, para que nunca dependas de nosotros para conservarla.
Si quieres saber cuánto costaría la tuya, cuéntanos cuántas páginas necesitas y si quieres reservas. Con eso te decimos un número en la primera llamada, que es gratuita y sin compromiso.


